El que ha llorado lo suficiente como para limpiar su alma ha podido vislumbrar la majestuosa
presencia de la Virgen María y de Dios.
Resulta que así como las lágrimas genuinas tienen la funcionalidad de limpiar los ojos,
así también tienen la funcionalidad de limpiar nuestros pecados y así dejar nuestra vista limpia
para ver aquello que es divino.
Escrito el 20/01/2014
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