El precio de una sonrisa.
Señorita bella, quiero decirle: Que yo no uso perfumes. Más sin embargo, usted me vendió uno. Y es que, quedé maravillado; Pero no por el perfume que me vendió, Sino más bien, por la belleza de usted. Señorita, yo no uso perfumes, Más sin embargo, quise comprar uno, Pero no para usarlo como un amante de la perfumería, Sino para provocar en usted, una bella sonrisa, Una alegría encantadora. Descubrió que soy un cliente exigente, Con misterio, Buscaba el perfume que me agradara, Mientras yo, Disfrutaba de su hermosa atención, Podía sentir su mirada cuando olía un perfumen, ¿Qué pensaba, señorita hermosa? En realidad, las únicas fragancias que me gustan, Son aquellas que se producen en los árboles, Y que no han sido manipuladas por el hombre. Después de un diálogo agradable entre cliente-vendedor, En donde existía una que otra risa, Me miraba usted con atención y en silencio cuando olía un nuevo perfume, Que a su consideración pensaba que me gustaría. El tiempo se esfumó rápidamente, Y la...