El precio de una sonrisa.

Señorita bella, quiero decirle:
Que yo no uso perfumes.
Más sin embargo, usted me vendió uno.
Y es que, quedé maravillado;
Pero no por el perfume que me vendió,
Sino más bien, por la belleza de usted.

Señorita, yo no uso perfumes,
Más sin embargo, quise comprar uno,
Pero no para usarlo como un amante de la perfumería,
Sino para provocar en usted, una bella sonrisa,
Una alegría encantadora.

Descubrió que soy un cliente exigente,
Con misterio,
Buscaba el perfume que me agradara,
Mientras yo,
Disfrutaba de su hermosa atención,
Podía sentir su mirada cuando olía un perfumen,
¿Qué pensaba, señorita hermosa?

En realidad, las únicas fragancias que me gustan,
Son aquellas que se producen en los árboles,
Y que no han sido manipuladas por el hombre.

Después de un diálogo agradable entre cliente-vendedor,
En donde existía una que otra risa,
Me miraba usted con atención y en silencio cuando olía un nuevo perfume,
Que a su consideración pensaba que me gustaría.

El tiempo se esfumó rápidamente,
Y la tienda se aproximaba a cerrar,
Entonces, escogí un perfume,
Pero bella señorita,
Con sinceridad yo le digo,
Que yo no uso perfumes,
Ni gasto mi dinero en lujos,
Más sin embargo,
Usted provocó en mí,
El deseo de comprar un perfume.

En cuanto compré el perfume,
La reacción en su rostro se dibujó esporádicamente,
¡Oh!  Bella señorita, había sido la alegría y sonrisa,
Más bonita que había visto en mucho tiempo.

Ahora puedo decirle,
Que mi compra valió la pena,
Pues pude ver una hermosa y encantadora alegría en su rostro.
Que solo se podía producir con mi compra.
Sabía que podía ocasionarle esta alegría,
Y no dudé en dársela.

Me hubiese gustado,
Darle un bello beso en la parte superior de su cabeza.
Gracias mujer, por su atención tan bella. 


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